dos pelis del director brasileiro Eduardo Coutinho

edificio master1

En mayo continuamos la programación de cine en el CCCb con dos pelis del director brasileiro Eduardo Coutinho.

Miércoles 8 de mayo a las 20.30h.
Juego de escena (Eduardo Coutinho, Brasil, 2007, 100′, v.o.s.e)

Miércoles 15 de mayo a las 20.30h.
Edificio master (Eduardo Coutinho, Brasil, 2002, 110′, v.o.s.e)

Y después una sopa.

Carrer Puríssima Concepció, 28

Poble Sec, Barcelona

Metro: L3, Poble Sec

cccbarrio@gmail.com

JUEGO DE ESCENA  (Eduardo Coutinho, Brasil, 2007, 100′, v.o.s.e)
En 2007 el director brasileño Eduardo Coutinho realizó un proyecto de especie dramático-documental, a partir de un anuncio en un periódico. El anuncio solicitaba a mujeres mayores de edad, domiciliadas en Río de Janeiro, interesadas en participar en la realización de un documental, sin otras menciones. De las ochenta y tres mujeres que se presentan Coutinho seleccionó a algunas y las intercaló con actrices brasileñas, en la realización de su proyecto o su “juego”. El juego de escena que titula el documental consiste en la alternación de la presentación de un papel, una vez por una actriz, y otra ves por una mujer que respondió al anuncio. Pero este es el juego para Coutinho. Para el espectador, el juego se complica, puesto que no conoce ninguno de estos datos hasta ver a una mujer hablando de su vida, a pesar de que esa misma “vida” ha sido ya contada, por otra mujer. Y claro, el juego se complicaría aún más por el espectador no familiarizado con el repertorio actoral brasileño, que por tanto no reconoce a ciertas actrices famosas, e incluso llega a pensar que el juego carece de sentido. No obstante, tanto para el director, como para los espectadores y las mujeres mismas allí presentes, el juego consiste en hallar la verdad.

Este ensayo sigue el desarrollo del proyecto documental de Coutinho, con el fin de resolver el juego que el director propuso. En pos de la verdad en un siglo saturado de las respuestas científico-matemáticas, es posible encontrarla en la expresión humana de la emoción, en lo subjetivo y lo ajeno a la razón. Partiendo de la propuesta brechtiana de la alienación teatral entre espectador y actor, a fin de producir una reacción crítica en el público, y atravesando algunos aspectos críticos de Agamben, Deleuze o De Man, el ser humano se configura como repositorio de la verdad más contundente que puede existir, verdad que se halla en su expresión, en su cara, en sus emociones. En “Jogo de cena”, la verdad de la emoción triunfa de manera “documentada” en una era que se define como post-humanista.

EDIFICIO MASTER (Eduardo Coutinho, Brasil, 2002, 110′, v.o.s.e)
Una de las características del cine de Eduardo Coutinho es su particular mirada de Brasil, alejada de las postales turísticas o de los reportajes de denuncia social a los que estamos habituados. Heredero del cinéma verité el director retrata a su país a través de unas personas quienes, la mayoría de las veces, habitan en espacios reducidos y cuya voz puede extrapolarse a cualquier temporalidad. Y si Babilônia 2000, refleja la vida de los habitantes de una favela, Edificio Master indaga en la existencia de treinta y siete vecinos de un edificio de doce pisos ubicado en Copacabana, Río de Janeiro.

Las vivencias de sus personajes, a menudo conmovedoras, y la posibilidad que tienen de reinventarse en su capacidad imaginaria, es lo que hace de Edificio Master, una película que reivindica al cine de la palabra. A Coutinho, como comenta él mismo a menudo, le interesa lo que el personaje transmite durante el rodaje. Ese momento ritual que se produce gracias a la presencia de la cámara, un momento único e irrepetible, capaz de trasformarlo todo.

Por esta razón, el realizador opta por una economía narrativa. No existen imágenes de archivo que apoyen los testimonios de los protagonistas, ni banda sonora. Sólo sus gestos, el tono de la voz, los silencios y la postura del cuerpo. Tampoco vemos el edificio en su totalidad, únicamente los pasillos, algunas habitaciones vacías y los espacios donde los personajes cuentan sus historias.

El director descubre a sus entrevistados en el momento del rodaje. De ahí que el azar también sea un elemento importante en su cine, pues no sabe el modo en que actuarán frente a su presencia. En una opción que pretende abrirle la puerta a la espontaneidad, el brasileño prescinde del “luz, cámara, acción”, y sus preguntas no se relacionan con temas que puedan suscitar juicios de valor, ya que para él lo central está en las historias de vida.

En Edificio Master Coutinho y su equipo participan en la acción. Al inicio del documental la voz en off (que sólo se escuchará en esa oportunidad) relata que la producción alquiló un departamento por un mes y filmó durante una semana. Así los vemos en varias ocasiones, a través de la pantalla de una cámara de seguridad, caminando por los estrechos pasillos de uno de los pisos del edificio (imágenes utilizadas reiteradamente como transición de una escena a otra), entrando en las habitaciones, pidiendo silencio a los vecinos o conversando con los entrevistados. Con este recurso autorreferencial, el cineasta no sólo quiere enfatizar que se trata de un meta-filme, como lo ha hecho desde Cabra marcado para morrer, (mostrando las cámaras, el equipo e informando sobre las circunstancias del rodaje), sino que deja claro que no hace películas sobre los otros, sino con los otros. En una de las escenas, Juan, un desempleado que aun sufre por la muerte de sus padres, le pregunta a Coutinho si éste puede darle trabajo, a lo que él responde con un “No tengo empleo, pero lo entiendo”. En otra, una joven prostituta confiesa haberle mentido al equipo de producción el día anterior.

En palabras del director “Lo único que es real es el encuentro entre el documentalista y el personaje –el acto de rodar-, y esa realidad ya me basta. Yo registro ese encuentro. Es un filme. Mi cámara es visible y yo, (…) estoy allí interactuando con las personas. Es un intercambio. Los propios personajes se refieren a ese acto (1).”

Aunque la mayoría de los habitantes de Edificio Master han lidiado con la adversidad, la mirada de Coutinho dista de ser piadosa. Se trata de sobrevivientes que se reinventan a través de los recuerdos, la expresión artística o la compañía de otro. Y es que tal como lo sentencia el administrador: “La realidad es el funeral de las ilusiones”. Por lo mismo, no es casual que muchos de sus personajes canten, como Enrique, un solitario que resume su vida en cada estrofa de My Way; Jasón, autor de la samba Favela o Nadir, interpretando una canción que apela a la nostalgia.

Solitarios, desolados, melancólicos, esperanzados, una fauna de seres humanos que habitan un edificio de doce pisos, emplazado a metros de una de las playas de Copacabana.

Por | 04 Feb 08 (revista BLOCS&DOCS)

juego de escena2

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