este miércoles: 3 videos de marruecos…y una sopita

WAHAB
WAHAB (Abu Ali, musica: Mohammed Abdelwahab,5′, 1994, Tánger)
 
Polvorientas canciones egípcias, la danza de lo efimero.
Unos papeles al viento en un callejón tangerino, la danza de lo efímero,
la fragilidad del instante. Diarios, bolsas de plástico, pañuelos de papel,
todos ellos destinados a desparecer. Pero la contemplación colapsa el
tiempo del instante y abre una puerta a otro lugar sin medida. Aquí es el
eterno baile de los encuentros y desencuentros, ahora en forma de un diario
y una bolsa de plástico que se rozan atrapados en un remolino de polvo. La
hoja del diario se abre, caprichosamente la bolsa se posa sobre ella, y
vuelven a repetir una y otra vez el juego. Alguien pasa ajeno a la escena
desapercibida, invisible sin el estado de contemplación. Y allí sentimos
que es la vida la que nos toma, la que nos lleva en brazos, la que nos hace
encontrarnos en la pérdida. Allí están todos los posibles e imposibles de
nuestras historias, el azar es su necesidad y la casualidad su destino…
SEFFAR – Fez Ciudad Interior (Abu Ali,14′,2004, Marrakesh)

Silencios, olivos al viento contemplaciones y laberintos de sueños.
Abdelfettah Seffar, un artesano que durante años vivió en Londres y decidió
regresar, nos habla de su visión de Fez, una ciudad velada, y reflexiona
sobre Occidente y sus conflictos
El Batalett – Femmes de la Medina (Dalila Ennadre, 2002, Morocco, France. vo Arabic. 60’)
Dentro de las paredes de sus apartamentos en la antigua Medina de Casablanca, una comunidad de mujeres marroquíes cocinan, limpian, cuidan a sus familias y se ayudan mutuamente. Con sus manos en la masa, en el jabón mientras lavan la ropa, mientras hacen las tareas de la casa, en el mercado, en el “hammam”, entre risas y lágrimas (“Somos amas de casa, nada más… ¿nuestro deporte? ¡Limpiar la casa!”), estas mujeres valientes, orgullosas de su papel, hablan lúcidamente, pero sin autocompasión sobre sus vidas. Muestran una vitalidad, curiosidad por la vida, y solidaridad sorprendentes. Quizás estas amas de casas orgullosas de sus hogares no sepan leer, pero saben exactamente lo que podría mejorar sus vidas: la igualdad de derechos entre hombres y mujeres, un futuro mejor para sus hijos, para que no tengan que emigrar con el objetivo de mantener a sus familias. Las vidas cotidianas de estas heroínas (“batalett”) irradian esperanza y en ellas se percibe la posibilidad de cambio.

 

 
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